Salimos 9 motos del Parque Central de Alajuela al rayar las 4:30 am del viernes. Los primeros atrasos vienen porque no todos llegan a las 4 en punto y porque un par no han llenado tanque, por lo que por fin salimos de Alajuela a casi a las 5 am por el Barrio San José.
Esta ruta es harta conocida, por lo que se hace rápidamente a pesar de las curvas y la oscuridad. A nuestras espaldas el rápido amancer nos acompaña. Garita, Atenas, Aguacate, Desmonte y San Mateo. Al llegar al parque ya el sol nos pega directamente, aunque todavía hace frío. Algunos se quitan sus jackets y otros cambian lus lentes por oscuros.
Orotina, Tárcoles y Jacó quedan atrás. La ruta nos la sabemos todos de memoria, es relativamente plana, recta y la calle se encuentra en muy buen estado. A partir de ahí pasamos Playa Hermosa y es donde mi verdadera aventura comienza, pues no conozco nada mas allá.
La calle aquí ya no es tan buena; está muy bacheada pero sa avanza rápido. Comienza a afectar la madrugada y entran los bostezos. La formación empieza a variar. Se siente hambre. El tirón hasta Parrita es largo... larguísimo. Salidas hacia pueblitos se abren a ambos lados de la carretera y después de un buen rato se empiezan a ver las famosas fincas de palma.
Al llegar a Parrita nos detenemos a desayunar. Fuera Jackets para los que no se la habían quitado antes; viene bloqueador solar. Desayuno, hablamos paja, estiramos piernas y se ven un par de problemas en las motos... aquella con llanta baja, esta padece en los arranques; nada grave. Son las 7:30 am pasadas.
Saliendo de Parrita, puente en construcción y arrancamos por una carretera como la gente. Ancha, recta, plana. Primero, pasar por la bomba; luego, arrollar. Acá sí tallamos. Hay pocos carros, mucha palma, buen sol.
Llegamos sin novedad a Quepos, pero no se entra a la ciudad. El paisaje acá es excelente.
Y otros tantos kilómetros después... se acaba la carretera. Esta es la famosa costanera que están "arreglando"/"haciendo de nuevo" desde hace décadas. Queda un tramo pequeño ¿5 kim tal vez? en lastre. Hay maquinaria y hombres trabajando en la obra. MOPT construye como en los viejos tiempos. La obra final no va a tener un peaje.
Ahora, andar en lastre (por mejor lastre que sea) en una moto pesada es un reto; un riesgo. Acá avanzamos bien despacio. Hay partes totalmente secas y otras donde el suelo está saturado con agua.
Al fin un lugar familiar. Salimos al cruce de Dominical. Aguita de Pipa, otra revisión a las motos. Ya todos hablan de lo que sigue... las rectas; y de lo que acabamos de pasar... esta carretera es un amor sin duda.
Arrollamos. Ahora sí vamos rápido. Iríamos más rápido aún, pero a un par de compañeros no les gusta tallar tanto y retrasan a los que son más intrépidos. La carretera está preciosa. Acá se comienzan a ver otros grupos de motos que bajan. Corremos siempre con la vista del mar a nuestra derecha.
¿Que se le cayó una pieza de la moto al Gato? Otro se devuelve a buscarla. Se trata de una pieza metálica afilada; una navaja que tiene pegada al motor como adorno. Un peligro que le hubiera pegado a alguien o estallado una llanta. "Toque la otra para que vea lo afilada que está" le dicen al Frasco y donde el otro jetas va a tocar, toca además la mufla, en el puro escape. Esa quemada va a doler luego y fijo deja marca. ¡Qué mas da! Las cicatrices de guerra son preciosas.
¡Bomba! Otra vez recargamos combustible. Son un par de motos que por estética tienen inclinados sus tanques y entonces pierden todo el fondo por estar la boquilla mas arriba. Otro par no tienen válvula para el tanque de reserva y siempre es mejor prevenir. Estamos en Palmar Norte y ya no tengo idea de qué hora es. Hay buen sol.
Seguimos y pronto nos encontramos aquella vieja calle de asfalto blanco que se puso hace tanto tiempo por todo el país; recordada por lo resbalosa que era en lluvia. Esta está muy bacheada y llena de huecos. Acá se aplica el trabajo en equipo y la formación. Pasamos rápido a pesar de todo, pero el tramo es bien largo.
Ahí vamos directo hasta la frontera. Todos andamos el tanque tan vacío como se puede; dicen que el gas en Panamá es mucho mejor y mas barato. El trámite en el puesto tico es rápido; un par de filas y fuera. Por otro lado el puesto panameño es un caos. Puede haber no menos de 50 o 60 motociclistas tramitando su pase, además de los camiones regulares y otros turistas. El sistema se cae, hay que hacer como 5 filas diferentes que de paso no tienen ninguna cara de fila. ¿Que un dolar por un timbre? ¿Que 15 dolares por un seguro obligatorio? ¿Que un dolar por fumigada? ¿Que un par de arreglados y fresco? El desastre es económico también. "Macho reconózcame algo" "Macho le cuido la moto" Todos quieren sacarle la plata a uno. El estrés además porque no lo desvalijen a uno, que no le planten droga, todo eso. Llegamos encima a medio día, la mitad del departamento de aduana está almorzando. Tardamos como dos horas o mas en esto. Al salir son las 3 pasadas... "¿Cómo?" dice uno. Y no, es que en Panamá van una hora adelante.
"¿Ya al fin arrollamos?" La respuesta es no. Antes pasamos por la bomba a llenar tanques con la 'maravillosa' Máxima 91 ¿o la 95? "Es lo mismo" sentencia el pistero. Acá en la bomba nos esperan los Monte Macho, club amigo de Chiriquí, quienes nos van a escoltar hasta David.
Ahora sí arrollamos. Los Panas están locos. Van sin formación, adelantan, corren, se cruzan entre ellos... el caos. Tienen bonita pista, a dos carriles ida y otros dos vuelta. La rotulación es mala (y fea de paso). ¿Cuál es el límite de velocidad? Nadie sabe. Acá nos cae el agua. Todo el mundo con capa. El aguacero es fuerte pero no tarda ni tres kilómetros en disiparse. Son como 80 km entre la frontera y David; se hacen en menos de una hora.
Llegamos al Mall Chiriquí. Acá llega todo el mundo. Las primeras birras del día (¿hasta ahora?) Son las 4 de la tarde (no sé hora de qué país). El acento golpeaba desde la pura frontera, pero acá se hace mas evidente. La cerveza no sabe igual, hace calor y se divisan malévolas nubes en el cielo. Al caer la lluvia el evento se dispersa y la gente se va apenas escampa. De ahí nos vamos a un bar y sigue la fiesta como hasta las 11 pm, hora en la que decido por cuenta propia retirarme al sobre.
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14 septiembre 2009
15 marzo 2009
Solo...
"[Mongol General]: We have won again. That is good! But what is best in life?A los 12 años, mas o menos, le solté a mi madre una idea que se me había metido en la cabeza. Ella me respondió "¡Sobre mi cadáver!" y yo le respondí "¡Trato hecho!".
[Mongol Warrior]: The open steppe, fleet horse, falcon on your wrist, wind in your hair!"
Conan the Barbarian (1982)
La idea no se me quitó, y tarde que temprano ella reconoció que no podría ser "sobre su cadaver" sino que tendría que acceder. Igual, accediera o no, yo desde los 12 siempre quise tener una moto; y no cualquier moto... Yo quería, quise y sigo queriendo una pandillera.
Así, en diciembre, mi primera inversión importante sacada a partir de "la fecunda labor" fue comprarme una moto. Así me hice de mi pandillera. Hoy tiene ya 3 meses y medio y hace media hora recorrió el kilómetro 3000.
Nueva, de paquete, sacada de la agencia. Una Jialing JH150E... plateada o gris según se vea; porque no tenían negras en el momento, pero ahora me alegro de no haberla comprado negra. Cuando la compré no había manejado mas que unos 400 metros en una moto prestada unos 15 días antes. Sin saber manejar, ni teniendo absolutamente nada de cultura de motos pues nadie en mi familia ni mis amigos ha tenido nunca un aparato de esos; me embarqué a comprarla.
"Una moto cambia la vida" dice un anuncio de un bamco por ahí, y bien cierto que es. Tiene ciertas cosas parecidas a andar en bicicleta, cosas que recuerdo de aquellos 8 años de madrugar domingos para dar vueltas sobre mi querido caballito de cromomolio; hoy día olvidado en la bodega de la casa.
Los olores... a asfalto fresco, a gallineros, a cloacas, a humo, a desayuno casero; son olores que se percibían en la bicicleta. La moto ofrece olores nuevos: olor a fibra caliente, el olor de los motores calientes de los carros en carretera, el olor de Orotina o de San Carlos.
La bicicleta lo llevaba a uno a dar una vuelta de entre 50 y 90 km. En el terreno terriblemente quebrado de nuestro Valle Central eso es un esfuerzo admirable que ya seguramente no lograría. La moto lo lleva a uno a dar una vuelta de entre 150 y 300 km. La maravilla de agarrar la calle solo para ir a almorzar al parque de Ciduad Quesada, o para tirarse una birra en Playa Blanca.
La moto ofrece cosas que la bicicleta no daba. Era muy dificil sentir frío en la cleta, en la moto se siente con solo que no le pegue directamente el sol a uno. Se aprende el valor de jalar siempre uno o incluso dos abrigos. Las punzadas como alfileres de la lluvia sobre la cara a 90 km/h. El polvo, piedras y bichos de todo tipo que lo golpean a uno de frente en la cara. Y ese momento mágico en el que a 90 km/h... ya no se siente el viento, no se escucha nada más que el sonido del motor y en frente de uno se abre algún valle soleado, abierto, libre para ir hasta donde el cuerpo aguante. En ese momento lo único que puede sacarlo a uno del trance es algún animal en carro, camión u otro motociclista; pero si se tiene suerte no hay nadie cerca de uno y el momento muere con la aceleración del motor y la emoción de su conductor.
La moto para mí no es un vehículo de trabajo. No es para brincarse las presas de hora pico en San José (aunque sea muy útil en ese sentido). La moto es salida, una mente en blanco y una llave para conocer el país. Llegó en el momento justo... me salvó de la depresión de fin de año y me dió aire para arrancar el nuevo. Uno no es "la carrocería" como tanta gente lo pone; uno es en efecto un águila, con todos los sentidos estimulados, vista abierta, olores nuevos, viento en la cara, sol en la piel y camino al frente.
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