26 julio 2017

Frasco por Suramérica - 15 - De Huancayo a Lunahuaná

Hace rato que me aburrí de escribir el blog. Pero hay veces que simplemente algo merece ser escrito y a uno no le queda otra más que cumplir el deber.

Saliendo de Huancayo

Gracias a mi necedad de no querer repetir pasar por una misma carretera si hay alguna vía alterna, terminé en la Ciudad de Huancayo. Con un frío del carajo salí en medio de la presa de la mañana con destino a la Reserva Paisajística Nor Yauyos-Cochas. La carretera que pasa por el centro del parque nacional sale eventualmente a la Carretera Panamericana al sur de Lima. Y aunque todo me hacía suponer que seguro iba a ser una interminable trocha de lastre curveando por las montañas, era preferible explorar una ruta nueva a tomar la Carretera Central que me llevaría directo a Lima, pero por la que ya había pasado.

La pampa de altura andina.

Y luego se empieza a bajar hacia el lindero del río.

La gran sorpresa fue encontrarse una calle asfaltada. Angosta, de un sólo carril para dos vías, sin demarcación alguna pero sin huecos. Por algunos tramos el asfalto está totalmente destruído y la carretera pasa a lastre, pero aún así el lastreado es bueno.

Se sube por varios pueblitos hasta llegar a una pampa y por fin se abre el típico páramo andino. Por ahí se camina por varios kilómetros hasta dar con el punto más alto de la carretera. De ahí la carretera empieza a seguir el curso de un pequeño río, que se mete en el punto más bajo entre los cerros. Lo que al principio es el bajo del río luego se convierte en cañón y luego abre paso a pueblitos en medio de los cerros.

Muchos de los pueblos de la sierra son así. Casas de barro y calles angostas de polvo.

Ya desde el fondo del cañón.

Y de pronto el cañón se abre y tas! Un pueblito.

En toda la sierra peruana es común encontrarse a los campesinos paseando a sus vacas, cabras, ovejas, alpacas, burros, cerdos y perros.

Caída del ángel y templo escondido

Eso decía el pequeñísimo rótulo de madera al lado del camino. Como no me urgía llegar a ningún lado, parqué el carro, me puse las botas y caminé los 100 m de subida hasta la cascada. Bonita, sin duda, detrás hay una gruta a la que no me quise meter porque el agua parecía profunda. Y en la base de la cascada había ofrendas y sacrificios al dios de la cascada.
 
Cascada "Caída del Ángel"

Y así se ve la cascada desde atrás.

La gruta detrás de la cascada.

Las ofrendas de los campesinos. Flores, vasijas, frutas, licor...

Y un cordero...

Otro cordero y una gallina...

Y un pollito...

Luego uno pregunta porqué el agua en todo Perú nunca es potable. Si los campesinos andan dejando cadáveres de animales en las nacientes...

Cañón de Uchco

Después de la impresión del templo escondido, seguí por la carretera para encontrarme el Cañón de Uchco. Nunca he visto nada igual. Abrieron pasada por debajo de la roca al márgen del río. Impresionante.

a
Nótese el ancho de la calle.

Se logra ver el río al lado?

Nótese además la altura libre sobre el carro. Si ud le tiene miedo a los derrumbes...

El resto...

Finalmente ya una vez se acaba el parque viene la bajada. La vegetación cada vez más propia del desierto costero. El río pequeño que la calle ha seguido desde la cima del paso ya ahora es un río grande, con represa hidroeléctrica incluida. Y finalmente se llega a Lunahuaná, pueblo turístico por el aprovechamiento del río para rafting, conocido acá como canotaje. Hablando con un empresario local, me dice que el 80% del turismo que recibe Lunahuaná es peruano, y que a pesar de que empezó hace unos 20 años como un destino favorecido por la clase alta limeña, en los últimos años han proliferado los agentes de tours informales que han bajado los precios y popularizado el pueblo como destino turístico.

Saber cuando hacer un túnel es a la larga más barato que cortar la montaña.

Sí, es alto el paredón.

Y ya del otro lado, camino a Lunahaná y el desierto costero.

07 mayo 2017

Frasco por Suramérica - 14 - De Cuenca a Loja

Y bueno, Cuenca queda a 124 km de Loja. Pero Frasco no podía ir en línea recta...

Días 1 y 2 - Cuenca y Parque Nacional Cajas (Primer intento)

Cuenca es una ciudad bonita con ganas. Es ordenada, limpia, segura. Tiene amplias zonas verdes, ciclovías por todo lado, un centro histórico muy bonito. Cuenca, hasta donde yo he visto, bien puede ser la ciudad más bonita de Ecuador. Además la presencia policial es extensa, lo que significa que no hay carros mal parqueados, nadie maneja temerariamente por el centro, nadie gira indebidamente. Se respira un aire a bienestar económico también.

Eso significa que la gente tiene carro, y mejores carros también, lo que a su vez significa que en las carreteras he visto probablemente los choferes más temerarios de la vida. Rayan en curva, sin visibilidad, rayan con toda la visibilidad de carros que vienen en sentido contrario. Rayan en zonas escolares, entre muertos, niños, perros y bicicletas. Se inventan terceros carriles en plena carretera a 100 kph. De verdad es de miedo lo que hacen aquí en el sur ecuatoriano.

Por el centro de Cuenca cruzan varios ríos. Todos tienen dedicados sus márgenes a zonas verdes, con juegos, aceras para correr o caminar, ciclovías y juegos infantiles.

Pero también se encuentra uno gente lavando su ropa en los ríos en pleno centro de la ciudad. En esa agua que no debe tener una temperatura sobre los 15°C. Prueba de que la prosperidad no alcanza a todos por igual.

Volviendo a Cuenca, aparte del centro histórico, hay varias cosas más que hacer en la ciudad y sus alrededores. Ruinas arqueológicas, parques nacionales, aguas termales, miradores y otros están dentro de los atractivos. Frasco eligió ir al Parque Nacional Cajas, al oeste de la ciudad.

Lo primero fue salir de Cuenca, cosa que no es del todo intuitivo. De paso que la rotulación y señalización vial no es el fuerte del Ecuador. Finalmente cuando parecía que ya iba a lograr salir me encontré un retén policial. Tranquilo, pues tengo todos los papeles en orden, me encontré con una oficial que me indica que el polarizado de ventanas es prohibido en Ecuador. Las opciones fueron recibir una multa o retirar voluntariamente el polarizado en el lugar.

El Jimny aprendió que no puede andar polarizado de la manera difícil.


Ya subiendo la montaña arrancó el frío y la niebla. Todo nublado, fue casi imposible ver casi nada. Siendo primero de mayo, el parque estaba también lleno, y parquear en los pocos y limitados espacios disponibles fue imposible. Rápido me obstiné y decidí irme, pero a como me podía devolver a Cuenca, decidí simplemente seguir directo por la misma carretera a ver qué se veía más allá.

Mi primer encuentro con las famosas alpacas (digo yo que son alpacas) a esas les valió un culo ver un Frasco silvestre.

A pesar de las nubes, el Cajas es bien bonito. La vista desde la carretera es espectacular.

Ahí seguí entonces hacia el oeste y después del punto 3-Cruces, que es el punto más alto de la carretera y donde arranca el Pacífico Ecuatoriano a 4167 msnm; se empieza a bajar. Lo primero fue que se me abrieron las nubes hacia el oeste y pude ver la costa nublada... por encima de las nubes. Ahí es donde realmente se da cuenta uno de qué tan alto anda. Lo siguiente son los barrancos gigantescos, la bajada permanente hasta llegar a ver las planicies costeras. Ya bajando se siente calor y humedad. Se ven los cultivos de banano y cacao por todo lado y los pueblos recuerdan a los pueblos costeños colombianos, con ventas callejeras y multitud de motos cuyos usuarios manejan sin casco. Las carreteras aquí son planas y rectas, atrás quedaron los días de terraplenes y hundimientos.

Y nada... manejando sobre las nubes ahí casual.

Del pueblo de Naranjal tomé hacia el sur.

Y nada, llegando a la ciudad de Machala ya estaba obstinado del calor y quedaba aún bastante luz de día, así que decidí tomar al este y subir la cordillera de nuevo. El paisaje aquí es totalmente diferente al del lado de Cajas. Lo que allá era húmedo y frío aquí era seco, casi desértico y templado. Ya luego me daría cuenta que la diferencia realmente radica en la altura y que por lo que Cajas está sobre los 4000 msnm, el camino que había tomado si acaso llegaba a la mitad de esa altura. Al caer la noche iba llegando a un pueblo llamado Santa Isabel, en el fondo de un valle despoblado.

Luego se sorprenden de que haya derrumbes... ¡que varas!

Y bueno, yo se que ya canso... pero legalmente las vistas son espectaculares por todo lado que voy.

Día 3 y 4 - De vuelta a Cuenca

Ahí cerca de Santa Isabel conseguí un lugar para acampar y fui recibido por Don Fred y su hermosa familia quienes se portaron de manera muy especial conmigo. Si bien el lugar estuvo bastante lleno con gente disfrutando de lo último del día feriado, ya al caer la noche estaba sólo yo y se pasó bastante buena noche.

El día diguiente - ¿A dónde ir?
- A donde sea, pero a las 13:30 necesito estar frente a un televisor para ver al Atlético.

Eso me dejaba con dos opciones. Loja, hacia el sureste o Cuenca hacia el noreste. Viendo como en realidad no había visto casi nada en Cuenca, decidí hacer el regreso y bajar a Loja luego por la troncal amazónica, más al este. De Santa Isabel a Cuenca hay una carretera que va directo y que aparentemente está en muy buen estado, up par de horas me dijeron que se podía durar; pero yo descubrí una calle de lastre que va a salir cerca de Loja y como tenpia buen tiempo decidí salir por ahí.

El camino es bueno por unos cuantos kilómetros, con bonitos paisajes. Luego me pasé una entrada, porque claramente aquí no hay nada señalizado, y en vez de devolverme decidí salir por un atajo. Ahí ya la cosa se puso de puro desafío 4x4. Ahí iba feliz de la vida cuando un sonido debajo del carro me advirtió que algo iba mal. Al tirarme debajo del carro en medio del polvo vi que el famoso tornillo que había arreglado en Duitama finalmente siempre cedió y se quebró en el mismo punto. Viendo el mapa decidí que era más seguro devolverme a Santa Isabel y tratar de arreglar ahí. El mismo arreglo que en Duitama me costó en total unos US$50 aquí salió en US$80 y me hizo perder la mañana completa. La tarde fue para el fútbol, piscina y birritas.

A mi legalmente me gusta más agarrar por este tipo de calles que salir a las principales.

El atajo en el que quebré el amortiguador otra vez. Fuerte desafío 4x4 en seco.

Y bueno... esas cosas pasan...

El día siguiente retomé el camino por la misma ruta. Descubrí que el bonito camino de lastre rápidamente se convierte en un trillo de cabras subiendo por las montañas. Una bonita ruta para poner a prueba las habilidades de manejo. Unas dos horas y media se tarda en conectar con la carretera panamericana y otra hora y media de vuelta a Cuenca.

¡La vista les digo!

Da uno la curva y se encuentra con eso. No sabe qué pensar uno.

Las ruinas de una casa y un burro pastando. Es todo.

La Catedral en Cuenca.

Día 5 - El Cajas (Segundo intento)

En el hostel conocí a Clara La Alemana, quien estaba en el mismo cuarto que yo. A ella le cobraban $US50 por el tour a Cajas, así que ya se había resignado a no ir. Ya que yo iba para ahí, nos mandamos para el parque juntos.

Esta vez ya estaba ligeramente más despejado y levemente menos frío. Lo más importante era que había campo en los parqueos. Llegamos al centro para turistas y preguntamos por un sendero sencillo, luego al ver que mi pie aguantaba bien la caminata cambiamos de sendero y subimos un cerro a más de 4000 msnm. El sendero prometía una espectacular vista a 360°. El sendero estaba bastante húmedo y fangoso. Esto hizo que tanto a la subida como a la bajada los resbalones fueran frecuentes. De bajada ambos terminamos varias veces bajando un par de metros sentados o de costado. Con toda la ropa embarrialada, el frío se coló por todo lado y ya en un momento no sentía ni un sólo dedo de las manos. Esto es particularmente problemático cuando un tiene que ir agarrándose de piedras y ramas para no salir rodando cuesta abajo. La Bávara mientras tánto no parecía tener problema alguno con latemperatura. Así al suave nos tiramos 4 horas caminando, legalmente muy chiva. Yo muy contento por poder caminar de nuevo. Y para calentar nos fuimos a unas aguas termales cerca de Cuenca.

Laguna Tronadora. El de la derecha es el cerro que subimos. No se veía tan grave desde ahí.

Las nubes nos acompañaron durante toda la subida, con leves momentos en los cuales se pudo ver el paisaje.

Ya en la cima del cerro con la espectacular vista 360° de una nube.

 Día 7 - De Cuenca a Loja

El sexto día descansé. De hecho con costos podía moverme. Fue un martirio ir a hacer compras y llevar a lavar el carro.

El sétimo día retomé ruta. El plan era cruzar la cordillera hacia el noreste, conectar con la troncal amazónica y bajar a Loja por esa ruta. Yo sabía desde luego que ya de por sí el plan era bastante optimista para un sólo día, pero me sentía con buena vibra. Salí de Cuenca a las 9:30.

A partir de ahí todo salió mal. El primer problema fue perderme y entrar a Gualaceo, desviándome de la ruta original. Una vez me di cuenta del error, me puse por un camino de lastre que debía conectar con Guachapala, más al norte. Ese camino, me daría cuenta en el caserío Mariano Moreno, estaba cerrado por derrumbes. Tocó devolverse media hora para volver a tomar la ruta correcta.

Ese camino, sin embargo atentó con todo contra mi plan. Múltiples derrumbes y hundimientos, gruesa neblina, aguacero. Todo esto hizo el camino lento y estresante. A Méndez (~600 msnm) llegaría a eso de las 16:00.

Aquí vale la aclaración de que GoogleMaps no tiene completa esta ruta hasta Méndez, por lo que en realidad el recorrido siguió de donde marca Transversal Austral hasta Méndez de manera zigzagueante, pero sin volver hasta Gualaceo como viene en la imágen.

Represa de Paute.

Ya foto de la Presa en sí.

De cuando uno sabe que no hay remedio... va a haber neblina.

Ya en Méndez yo esperaba las carreteras más planas que había visto en La Amazonia por El Coca o por Macas. La sorpresa fue que en este punto la troncal corre sobre las lomas de los primeros cerros de Los Andes. Esta carretera también atentó contra mi viaje. Los famosos hundimientos y terraplenes son constantes aquí, la carretera es mala. Además fui acompañado casi todo el camino por un pequeño diluvio amazónico. Esa condición sigue hasta la ciudad de Gualaquiza. A partir de ese punto ya se baja en un valle que corre hacia el sur de manera suave y ya la calle está en mejor condición.

Tocaba decidir dónde pasar la noche. Según mis cálculos estaría en Loja a eso de las 22:00 por lo que sonaba fuera de lugar. Por otro lado la ciudad de Zamora era referencia constante en todos los rótulos, por ahí de las 20:00 calculaba estar ahí y ya que la carretera estaba en mejores condiciones pues parecía lo más viable.

Así que seguí hasta Zamora, llegando a la hora esperada, 20:00. Para mi sorpresa no vi ni un sólo hotel en el pueblo. Sí había al menos cinco moteles, pero no tenía ganas de pasar la noche oyendo a otros divertirse. Y Loja estaba a 50 km, si las condiciones se mantenían eso sería unos 40 min.

La carretera debe tener paisajes muy bonitos de día. De noche me acompañó la luna creciente todo el camino, dejándo ver los altos cerros envueltos en nubes conforme subía y subía de nuevo a Los Andes. Aquí otra vez encontré derrumbes, hundimientos y combinaciones de ambos. Además de incontables cascadas a un costado de la carretera, cargadas, bajando con fuerza. Cuando ya eran las 21:00 y no había señas de Loja, finalmente se termina de cruzar el cerro y aparece la ciudad allá abajo, clarita en el altiplano. Media hora bajando la loma me vería cumplir con 12 horas de camino, más de 500 km manejados en muy malas condiciones. Ya por fin en Loja lo que quedó fue una birrita ya dormir.

Estos rótulos están por todo Ecuador. Sólo un idiota no les hace caso, pues marcan los famosos hundimientos o derrumbes.

¿Más neblina? No, lluvia.

Si llevo seis horas de camino y 250 km manejados, quiere decir que voy llegando a Loja... ¿Cuándo?

Y bueno, estaban bonitas las cascadas aún de noche.

La próxima entrada probablemente sea desde Perú...

29 abril 2017

Frasco por Suramérica - 13 - De Collaquí a Cuenca

Zigzagueando por los Andes.

Día 1 - e Collaquí a Cotopaxi

Claramente Frasco no tenía ni idea de qué era Cotopaxi. Nunca lo había escuchado mentar. Y entonces viene el bueno de Jon y pregunta si yo iba a pasar por Cotopaxi. Después de que me explicó qué era el mentado Cotopaxi y viendo un par de fotos en inet, decidí que era un buen destino.

Así que, pasando por Quito de nuevo y tomando la famosa Carretera Panamericana hacia el sur, poco a poco fui subiendo la Cordillera de los Andes debajo de tremendo aguacero. La autopista que baja de Quito hacia el sur es fantástica, a tres o cuatro carriles por vía, si bien los carriles son un poco más estrechos de lo que me gusta. Permite ver y entender la inmensidad de Quito, que corre por kilómetros sobre el altiplano hasta que finalmente uno empieza a bajar hacia un valle. Ya ahí la zona se nota más rural y lo que sigue es una subida apenas perceptible, que va alcanzando otro altiplano.

El Jimny ahí me falló, y todo el camino hasta que salí de la autopista para agarrar la secundaria que lleva a la entrada del parque, el carro venía totalmente ahogado, sin potencia, esforzándose por alcanzar 60 kph en pista.

- ¿Qué putas tendrá este carro ahora?

Claro, todo fue lógica cuando llegué a almorzar y la mesera me dice que estoy sobre los 3000 msnm. El carro viene obviamente agachado por efecto de la densidad de aire y yo queriendo que corra a teja en la pista.

El Parque Nacional Cotopaxi es probablemente la envidia de todo administrador de parque nacional del mundo. Es un parque grande, con muchas comodidades para los guardaparques, calles en perfecto estado, servicios varios, señalización luminosa energizada gracias al sol, y totalmente gratuito para sus visitantes. Después de entrar al parque se sigue por calle asfaltada por varios kilómetros hasta que se convierte en calle de arena, pero aún así es una calle perfectamente plana y transitable en cualquier vehículo (excepto motos de más de 300 kg). Lo recibe a uno un bosque de pinos que sube la ladera hasta dar paso al páramo andino. Ahí hay espacios para acampar, con baños y área para cocinar, pero sufcientemente amplio como para que uno pueda acampar hasta a 500 m de los servicios. Ahí monté la tienda y pasé la noche de 7°C.

La administración del parque tuvo la delicadeza de enviar un guardaparques a hacer revisión sorpresa a eso de las 18:00, con lo que mi botella de aguardiente fue decomisada. Por lo demás, en el área de acampar abundan los conejos salvajes y ver las estrellas de noche es espectacular aunque salir de la tienda de noche es atentar contra la vida misma. Lo que nunca se despejó, fue la vista del volcán desde el área para acampar.

La calle dentro del Parque Nacional Cotopaxi. Completa con pintura, ojos de gato, ciclovía, caños de concreto.

La línea del bosque de pinos, dándole lugar al páramo.

Acampando gratis.

El Volcán, tan despejado como estuvo ese día.

Ese montón de sopas potenciales en su hábitat.

El día siguiente, temprano tocó salir hacia el volcán. El camino es lejos, pasando por una sabana de altura llena de lagos, ganado y caballos salvajes. Pronto se empieza a subir sobre las faldas del vocán, hasta un último punto de parqueo a partir del cuál hay que seguir a pie. El sendero llega hasta un refugio que está a 4864 msnm y aunque son apenas como 800 m, la subida me tomó como una hora. Entre el pie molestándome, el mes que llevaba sin caminar ni 100 m, el sendero hecho de tierra totalmente suelta en la que uno resbala todo el camino, la pendiente y el aire ralo; no creo haber hecho 800 m más duros que esos en la vida. Sí lo vale, las vistas son hermosas y la sensación de logro es gigantesca. En un par de meses ya van a abrir el refugio para huéspedes. A partir de ahí va a ser posible hacer la caminata de seis horas hasta la cumbre del volcán. Si al regresar estoy en mejor condición, es algo que vale la pena hacer.

La sabana de altura a las siete de la mañana.

Las famosas vacas mechudas de los Andes.

Por la mañana el Cotopaxi sí estaba más despejado.

Vi un venado, el venado vio un Frasco. Todos ganan.

A mi me sorprende como muchas veces la gente se concentra en una sóla cosa, como por ejemplo un volcán nevado, y se pierde la vista hacia el otro lado.

La foto con el refugio de fondo. El volcán supuestamente iba a salir también, pero la nube decidió lo contrario.

Día 2 - De Cotopaxi a Río Verde

Después de subir a las faldas del volcán, recogí la tienda e hice camino. El plan era tomar la siguiente carretera mapeada que cruzara los Andes hacia el este para regresar a la Amazonia. Por casualidad la carretera en cuestión fue la que pasa por Baños.

Baños es un pueblo de esos que se han volcado a la industria turística de hace poco. Ecuador definitivamente descubrió su potencial turístico y lucha por desarrollarlo. Baños es un ejemplo de esta lucha. Un pueblo, pequeño, desordenado, incluso feo, que presenta cantidad de actividades de aventura para el turista. Escalada, canopy, rafting, alquiler de boogies, mecedoras sobre abismos; Baños ofrece una serie de actividades de aventura sin llegar al nivel de un San Gil (Colombia) o una Fortuna (Costa Rica).

Por Baños pasé de largo, y desués de lanzarme en el (supuestamente) canopy más largo de todo Ecuador, llegué a un camping en Río Verde. Otra enorme casualidad fue que ese es el hogar del Pailón del Diablo. Camping Paraíso resultó ser espectacular y en vez de quedarme una noche terminé quedándome tres noches. Aparte de eso el Pailón es también un lugar simplemente de otro mundo. Por la ridícula entrada de $1.5 uno ve de cerca un espectáculo natural inolvidable.

- ¡Puta! ¡Qué bien cuando uno paga una entrada y de verdad lo vale! - me dejé decir.
- ¡Síiiii! - Dijo Denise, la brasileña con su esposo me invitaron a acomañarlos a la catarata - No como la Cueva del Milodón...
¡Aparentemente no sólo yo pienso eso...

Frasco en el canopy. Para los que no vieron el vídeo.

Esos edificios en el fondo del cañón son los observatorios construidos para el pailón.

La cascada.

Y uno puede entrar detrás de la cascada. Buena empapada eso sí.

La cascada de lejos. Vale la pena, al chile.

Día 5 - De Río Verde a Alausí

Al fin, depués de varios días en Río Verde decidí seguir camino al sur. Primero tenía que terminar el recorrido al este y seguir por la Amazonia hacia el sur, para a la primera oportunidad, tomar oeste y volver a cruzar Los Andes. En el camping me recomendaron mucho ir a Cuenca.

Así que seguí hasta Puyo y de ahí al sur. Después de dar ride a una señora y su hija hasta Macas, y de preocuparme por un sonido que aparentemente venía del amortiguador delantero-derecho, agarré la carretera con dirección a Ríobamba. Esta carretera tiene unos paisajes inceríbles, pasando por un parque nacional y por el páramo andino.

El viaje habría sido perfecto excepto porque el Jimny, que en Macas dijo tener todavía un tercio de tanque lleno, decidió pedir gasolina 30 km más tarde, en medio del páramo. Obviamente eso no era suficiente para realmente hacer mención en este blog, así que además llovía, había derrumbes (y bien grandes) por todo lado, había neblina y sólo para cerrar me dio sueño. Me tocó bajrme en el pueblo de Altillo (Pueblo que ni siquiera aparece en GoogleMaps, ergo probablemente no exite y es sólo producto de mi imaginación) y buscar quién me vendiera gasolina de contrabando. Después de media hora dando vueltas por la pampa andina al fin mi nuevo amigo Humerto me ayudó a encontrar quién me vendiera gas y pude seguir. Cinco horas dijo Humberto que tardaba a Cuenca, y como era obvio que no iba a llegar ese día, me recomendó quedarme en Alausí, un pueblo "muy muy turístico" según él.

Desde la carretera la vista al este es la de kilómetros de jungla. Ahí arranca la selva amazónica.

Arriba en el páramo las vistas son de verdad espectaculares.

La montaña en su esplendor.

El pueblo de Altillo... o era Atillo. En medio del páramo.

Me fui en el bluff... 15 minutos buscando las tales dunas. El espíritu de la cueva del milodón vive en este rótulo.

Llegar a Alausi en medio de la niebla, de noche, a buscar dónde quedarse. Mi esperanza de un viernes de fiesta uedó sepultada rápidamente.

Día 6 - De Alausí a Cuenca

Alausí es un pueblo... turístico... o bueno, un intento de eso. El pueblo e pequeño, dominado por la estatua de San Pedro en una colina cercana. El pueblo es bonito, pequeño y acomodado en el fondo de un pequeño valle en medio de Los Andes. Pero realmente no hay mucho que hacer. Su principal atractivo es el famoso tren de la Nariz del Diablo.

Esta historia ya yo la había escuchado antes, y de verdad es curioso que cayera yo a Alausí de pura casualidad a encontrarme el famoso tren de la Nariz del Diablo. Se trata de un tren que comunica Los Andes con el Pacífico. En este lugar la pendiente era tan empinada que no había manera de que el tren bajara hasta el río ni en línea recta ni serpenteando. Los ingenieros se inventaron una especie de zig zag en la que el tren hacía recorridos hacia adelante y en reversa hasta llegar al fondo del cañón. El tren aún funciona a manera de atractivo turístico, pero cobra $31 por el recorrido y ahí murió mi interés.

La estatua a San Pedro.

El pueblo de Alausí desde la colina. Ojo a San Pedro.

Me puse ya en dirección sur hacia Cuenca. Entre estos dos días creo que ha sido la vez que más derrumbes seguidos he visto en la vida. Esto me lleva a que hay varias diferencias entre las carreteras en Colombia y en Ecuador. Si bien las carreteras ecuatorianas parecen estar en mejor estado general, y no hay pasos regulados en ningún lado; los colombianos las tienen mucho mejor señalizadas y los hundimientos en las carreteras ecuatorianas me han hecho pasar por un par de aterrizajes forzosos sin advertencia alguna. Lo que tienen en común ambos países es que son muy propensos a derrumbes, pequeños y grandes. De verdad que andar en la calle con lluvia es un atentado.

El primer paso regulado que veo en Ecuador. También el primer derrumbe que veo que se atienda con maquinaria.

a
Luego me atacó la neblina. De las más densas que he visto. ¿Derrumbes por todo lado y neblina así de brava? No, gracias.

Sanutario de la Vírgen del Rocío en Biblián. De lejos, no me acerqué.

Y listo. Cuenca parece ser la ciudad latinoamericana más ordenada que yo haya visto. Tiene un aire más a ciudad gringa. Esta sí es una ciudad turística en serio y de hecho en los primeros tres hosteles a los que entré no había campo ni en cuarto compartido. Mañana veremos qué pitos toca el tal Cuenca.

¡Salud!