04 septiembre 2017

Frasco por Suramérica - 16 - De Uyuni a San Pedro de Atacama

Uyuni

Llegamos (Alejandra, de Bogotá; JuanJo, de Valencia y un servidor de La Gloriosa Liga) jueves en la tarde a Uyuni, Bolivia. Una ciudad en medio del desierto. Desde la distancia se nota claramente dónde empieza y dónde termina. A su alrededor, no hay ganado ni cultivos, sólo desierto. La ciudad es pequeña, fea, hay polvo por todo lado, no hay nada verde y es poca la gente en la calle. La actividad principal de la ciudad es el turismo, y hay hospedajes sencillos por todo lado, así como agencias de turismo.

Esto es LandCruiserLandia. Todas las agencias de turismo usan este carro. (Les recuerdo que pueden hacer click a las fotos para agrandarlas)

Lo primero fue averiguar por Inet y con los guías locales sobre la ruta a seguir, los peligros y los cuidados a tener. La respuesta de los locales fue en tres sentidos:
- Con ese carro no se puede hacer.
- Ocupa llevar por lo menos 120 litros de gasolina.
- Sin guía no se puede hacer.

Por otro lado Inet avisaba de gente que anteriormente ha hecho el recorrido y ciertos cuidados a tener. Lo primero fue cargar 100 litros de gasolina, suficiente para alrededor de 1000 km en condiciones normales. Lo segundo fue cargar comida y agua para cuatro días, de lo que por dicha se encargaron Ale y JuanJo. Lo tercero fue llevar a lavar el carro y rociar toda la parte de abajo con una mezcla de aceite y sabrá Dios qué más, que es lo que usan los locales para evitar que la sal se pegue al metal del carro y este se corroa.

Ya cuando los locales nos vieron listos, nos recomendaron tener cuidado con los "ojos de sal", huecos de variable tamaño en el salar, que suelen ser inofensvos, pero que de vez en cuando tienen tamaño suficiente para romper una punta de eje. Además, de tener cuidado a la hora de entrar y salir del salar, porque en estos puntos la sal se mezcla con la tierra y forma un barro capaz de pegar cualquier carro.

Una vez que tuvimos todo listo, nos fuimos a la atracción local: El Museo Ferroviario Abierto de Uyuni. A la salida del pueblo, formado originalmente por ser el punto de salida del tren hacia los puertos del pacífico en Perú y Chile, se fueron acumulando cantidad de locomotoras y vagones descartados. Al ser caro transportar los equipos inutilizados a lugares de desmantelamiento, se fueron tirando al desierto y hoy permanecen en el conocido Cementerio de Trenes. Es impresionante ver estas locomotoras de vapor, sus calderas y cisternas, sus vagones de carbón.

El Museo Ferroviario Abierto de Uyuni. Aka Cementerio de Trenes.

Salar de Uyuni

El equipo saliendo de Uyuni.

De Uyuni se sale por carretera asfaltada a Colchani, a 20 km. Este es el último punto en el que se va a ver asfalto en cuatro días. El pueblo termina en la entrada oriental al salar. La Policía Boliviana tiene un retén informal a la entrada del salar. Nos paran y piden ver el extintor, el botiquín y la licencia. preguntan si tenemos guía o GPS y no muy convencidos, nos dejan seguir, deseándonos suerte.

La primera parada es el monumento al Rally Dakar Suramericano, a unos 10 km de la entrada al salar. Luego continuamos a la isla Inkahuasi. La navegación por el salar a estas alturas del año es sencilla. Se sigue cualquiera de las huellas de los carros anteriores en la dirección que uno quiere ir y ya. Hay suficientes cerros y volcanes a la vista como para ubicarse y en teoría con sólo una brújula y un mapa de papel uno debería poder llegar a su destino. El GPS lo hace aún más fácil. Los cuidados que hay que tener son a la entrada y salida; y con los ojos de sal. El resto es manejar y disfrutar del paisaje.

El monumento al Rally Dakar.

La inmensidad del salar.

El salar tiene diferentes formas en diferentes puntos. El más común que vimos es el de hexágonos.

De ahí seguimos a la isla Incahuasi. Estas son montañas de tierra firme en medio del salar. Esta isla es famosa por tener bancas y mesas para almorzar. La mayoría de tours hacen parada de almuerzo aquí y es donde los turistas sacan sus famosas fotos en perspectivas. Hay cabinas y área para acampar, pero cobran por la entrada, así que no nos quedamos.

Cambiamos rumbo al sur y llegamos a la isla TNA (¿? No estoy seguro de que se llame así), que en cambio es una isla desierta. Ahí subimos a la Cueva del Diablo, resguardada en su entrada por un cáctus de más de ¿8? m de alto.

El Frasco ahí para dar perspectiva.

Después buscamos dónde parquear y subimos a la cima de la isla. La isla, cuya base está a 3650 msnm, está llena de corales petrificados, testigos de su pasado sumergido en el fondo de un mar ubicado en lo más alto de Los Andes. Ahí, en la cima, nos encontramos un círculo perfecto para acampar, con vista a 360° del salar desde la altura. Después de subir las tiendas, comida, agua y los sleeping vimos el atardecer. La noche se puso fría, pero con una buena fogata logramos aguantar hasta eso de las nueve. El lugar es perfecto para ver las estrellas, pero la luna en cuarto creciente salió temprano y iluminó el cielo como nunca. La otra gran ventaja es que apenas salió el sol, le dio directo a las tiendas y nos calentó temprano.

La cima de la Isla TNA. Al fondo, el salar, un mar blanco que recuerda a un cielo nublado visto desde un avión.

La fogata, cortesía de las ramas muertas de arbustos y tres pedazos de tronco de cáctus petrificado.

Del Salar hacia la Ruta de las Lagunas

La Ruta de las Lagunas es un camino de lastre que corre perpendicular a la frontera Bolivia-Chile por en medio de desiertos, salares, volcanes inactivos y formaciones geológicas únicas. No hay pueblos aquí y el camino termina en el Parque Nacional Eduardo Avaroa, famoso por sus lagunas y fumarolas.

Salimos a eso de las 9:30 am de la Isla TNA y avanzamos hacia el suroeste sin seguir ninguna huella distinguible por unos 15 km. Ahí topamos con una de las huellas principales, que nos llevó hasta la salida sur del salar. El camino pasa a ser un trillo de tierra en medio de arbustos bajos. Se llega al poblado de Aguaquisa y ahí nuestros mapas (virtuales y físicos) señalaban "La Cueva de las Galaxias".

La cueva es una gruta descubierta por dos campesinos locales, en la que hay cantidad de algas petrificadas. Al lado hay otra cueva con un cementerio preincaico. Ambas iniciativas son de familias locales, sin mayor ayuda del resto de la comunidad ni del gobierno. Los tours no visitan el sitio por lo alejado y complicado de los caminos.

Los campesinos que encontraron la cueva no tenían idea de qué era lo que veían. Describieron el lugar como "Galaxias" y de ahí el nombre de la cueva.

Cráneos humanos del cementerio preincaico. La mayoría de las tumbas habían sido saqueadas previamente y no hay agencia gubernamental que estudie el lugar.

Un par de huellas por el desierto. Como cientos de otras. Navegar sin GPS es posible pero sin duda sería muy difícil.

De la Cueva de las Galaxias manejamos por otras dos horas hasta el pueblo de San Juan, último pueblo en el recorrido hasta llegar a San Pedro de Atacama. El pueblo no tiene restaurantes, ni sodas, ni gasolineras. Cocinamos almuerzo a la sombra del gimnasio local y seguimos el camino.

De ahí salimos a un altiplano gigantesco. Entre salares pequeños, arena, piedra y tierra, caminamos a 90 km/h por unas dos horas por el desierto, pasando sólo una base militar como única evidencia de ocupación humana. Ahí comenzamos por fin a subir los cerros, el camino se volvió por fin tan malo como nos habían descrito y el Jimny, a más de 4000 msnm comenzó a sufrir.

Esto de manejar por el desierto se trata de seguir huellas. No hay tal cosa como un camino.

Torbellinos del desierto.


Por el resto del día la velocidad promedio fue de 20-30 km/h. A eso de las 4 pm la doble tración dejó de funcionar. Una rápida inspección visual dio que el conector de la electrónica del transfer se quebró. Por dicha los pines estaban intactos y el tape eléctrico hizo el resto del remiendo.

Resueltos los problemas mecánicos, pasamos Laguna Cañapa, donde vimos por primera vez flamingos y nos cobraron 10 BoB (1 US$ aprox 6.91 BoB) por absolutamente ningún servicio.

A diferencia de los delfines rosados, los pájaros rosados son fáciles de fotografiar.

De Laguna Cañapa la siguiente es Laguna Hedionda, que está dominada por una gran cantidad de flamingos y un "Eco-Hotel". Por lo que no quisimos quedarnos acampando por ahí. Seguimos a Laguna Negra, donde quisimos acampar, pero el viento helado y fuerte nos hizo buscar otro lugar. La búsqueda de un lugar en el que nos diera el sol de la tarde y el de la mañana se cambió por buscar un lugar donde no nos diera el viento; y nos tocó cambiar las vistas impresionantes por la practicidad del refugio.

Ahí en la foto está el carro y las tiendas. Puntos al que lo encuentre.

Laguna Colorada y Parque Nacional Eduardo Avaroa

Desayunar temprano y hacer camino rápido gracias al frío. Ya en camino el trillo se convierte en múltitud de trillos. Nadie parece darle mantenimiento al trillo principal, y los guías de tours hacen su propio trillo cada vez que el anterior está muy hondo. Seguir el camino se convierte en un juego de adivinar cuál de los trillos está en la mejor condición o es más corto. Durante la mañana vimos un coyote, unos conejos con cola larga y un par de ratones. Nada más parece vivir ahí arriba, pero sí nos encontramos a un tipo que hacía el mismo recorrido sólo y en bicicleta.

Coyote!

¡Y uds decían que yo estaba loco!

A medio camino la suspensión delantera comenzó a sonar. La tuerca superior del amortiguador delantero derecho se cayó, junto con la arandela y el bushing. Las últimas aparecieron entre la arena, la tuerca no. Tocó saquear el carro por alguna tuerca parecida que no fuera crítica para remendar el amortiguador y seguir el camino. El camino nos llevó al famoso Árbol de Piedra. Una serie de piedras en pilas en medio del desierto.

Árbol de Piedra.

Finalmente llegamos al parque nacional. Ahí un guardaparques muy amable nos cobró la entrada de 150 BoB por persona y nos dio las reglas del parque. Tras explicarnos ampliamente que el Flamingo Chileno no es realmente chileno, sino que sólamente se llama así, fue muy enfático en que el acampar dentro del parque es prohibido debido a las bajas temperaturas de noche, que pueden llegar a -20°C. También nos recomendó muy enfáticamente el hospedaje de Don Abraham, el más bonito, limpio, cómodo y barato de los hospedajes del parque. Además nos darían un descuento si decíamos que él nos había enviado y los guardaparques dejan sólamente a los turistas que se quedan en ese hospedaje bajar hasta la orilla de la Laguna Colorada. Así que decidimos acampar de todas maneras.

El siguiente atractivo es la Laguna Colorada. Un lago color rojo sangre en el que viven miles de flamingos. El viento es particularmente fuerte y frío, lo que nos puso sobre aviso a lo que nos ateníamos para la noche. Lo que quedó fue buscar un lugar protegido del viento y de los guardaparques para montar nuestro campamento.

Laguna Colorada. La cámara no capta ni el rojo del agua, ni lo frío del viento.

Los flamingos, en ese frío, en ese lago rojo, comiendo sabrá Dios qué.

Uno de tantos paisajes. Las montañas y la tierra de tantos colores diferentes.

Bajando a San Pedro de Atacama

JuanJo quería ver el amanecer en las fumarolas. Es lo que hacen los tours. Así que tocó levantarse a las 5 am y manejar una hora con los LandCruisers. Allá arriba, pasando lagos congelados y pasos de nieve, hay un grupo de geysers o fumarolas. La ventaja es que, al ser esto Bolivia, no hay barandas ni guardas, así que los turistas se pueden tomar fotos con la brea humeante.

Cuando amanece frío.

Ahí las fumarolas. Son calientes y huelen a azufre. Lo usual, pero a 4850 msnm.

Primera vez manejando sobre hielo.

Finalmente seguimos después de desayunar. El camino por fin es una calle de lastre decente y empieza a bajar. Aquí arriba está la frontera. Aduana y migración bolivianas resueltas comienza la calle de asfalto, la primera desde el primer día del circuito. 45 km de bajada nos llevan a San Pedro de Atacama, en medio del desierto y con un calor brutal, después de varias semanas de frío.

El edificio de Migración Boliviana. Block en el techo para que no se vuele la lata. Ese Evo que es un loquillo.


Otro más de los paisajes.

La bajada a Atacama.

En total, 587 km en cuatro días desde que salimos de Uyuni, donde estaba la última gasolinera. El carro habrá gastado probablemente 50 litros de gasolina, lo normal para ese tipo de camino y esa cantidad de kilómetros en doble tracción permanente. El camino es definitivamente para 4x4 solamente y para carros con buena altura de ejes. El GPS es indispensable para la ruta de las lagunas y no se debe tener miedo de lo que los locales digan con tal de "vender" el tour y que uno no haga las cosas por su cuenta.

Por último, ya arrancamos con Chile. Vamos para el sur. Y ese Judas Ramírez sí que es un crack!


Si quieren ver una reseña de un viaje parecido hecha por profesionales, recomiendo Top Gear - Bolivia Special. Hacer click al link para verlo.

Viva La Liga!

26 julio 2017

Frasco por Suramérica - 15 - De Huancayo a Lunahuaná

Hace rato que me aburrí de escribir el blog. Pero hay veces que simplemente algo merece ser escrito y a uno no le queda otra más que cumplir el deber.

Saliendo de Huancayo

Gracias a mi necedad de no querer repetir pasar por una misma carretera si hay alguna vía alterna, terminé en la Ciudad de Huancayo. Con un frío del carajo salí en medio de la presa de la mañana con destino a la Reserva Paisajística Nor Yauyos-Cochas. La carretera que pasa por el centro del parque nacional sale eventualmente a la Carretera Panamericana al sur de Lima. Y aunque todo me hacía suponer que seguro iba a ser una interminable trocha de lastre curveando por las montañas, era preferible explorar una ruta nueva a tomar la Carretera Central que me llevaría directo a Lima, pero por la que ya había pasado.

La pampa de altura andina.

Y luego se empieza a bajar hacia el lindero del río.

La gran sorpresa fue encontrarse una calle asfaltada. Angosta, de un sólo carril para dos vías, sin demarcación alguna pero sin huecos. Por algunos tramos el asfalto está totalmente destruído y la carretera pasa a lastre, pero aún así el lastreado es bueno.

Se sube por varios pueblitos hasta llegar a una pampa y por fin se abre el típico páramo andino. Por ahí se camina por varios kilómetros hasta dar con el punto más alto de la carretera. De ahí la carretera empieza a seguir el curso de un pequeño río, que se mete en el punto más bajo entre los cerros. Lo que al principio es el bajo del río luego se convierte en cañón y luego abre paso a pueblitos en medio de los cerros.

Muchos de los pueblos de la sierra son así. Casas de barro y calles angostas de polvo.

Ya desde el fondo del cañón.

Y de pronto el cañón se abre y tas! Un pueblito.

En toda la sierra peruana es común encontrarse a los campesinos paseando a sus vacas, cabras, ovejas, alpacas, burros, cerdos y perros.

Caída del ángel y templo escondido

Eso decía el pequeñísimo rótulo de madera al lado del camino. Como no me urgía llegar a ningún lado, parqué el carro, me puse las botas y caminé los 100 m de subida hasta la cascada. Bonita, sin duda, detrás hay una gruta a la que no me quise meter porque el agua parecía profunda. Y en la base de la cascada había ofrendas y sacrificios al dios de la cascada.
 
Cascada "Caída del Ángel"

Y así se ve la cascada desde atrás.

La gruta detrás de la cascada.

Las ofrendas de los campesinos. Flores, vasijas, frutas, licor...

Y un cordero...

Otro cordero y una gallina...

Y un pollito...

Luego uno pregunta porqué el agua en todo Perú nunca es potable. Si los campesinos andan dejando cadáveres de animales en las nacientes...

Cañón de Uchco

Después de la impresión del templo escondido, seguí por la carretera para encontrarme el Cañón de Uchco. Nunca he visto nada igual. Abrieron pasada por debajo de la roca al márgen del río. Impresionante.

a
Nótese el ancho de la calle.

Se logra ver el río al lado?

Nótese además la altura libre sobre el carro. Si ud le tiene miedo a los derrumbes...

El resto...

Finalmente ya una vez se acaba el parque viene la bajada. La vegetación cada vez más propia del desierto costero. El río pequeño que la calle ha seguido desde la cima del paso ya ahora es un río grande, con represa hidroeléctrica incluida. Y finalmente se llega a Lunahuaná, pueblo turístico por el aprovechamiento del río para rafting, conocido acá como canotaje. Hablando con un empresario local, me dice que el 80% del turismo que recibe Lunahuaná es peruano, y que a pesar de que empezó hace unos 20 años como un destino favorecido por la clase alta limeña, en los últimos años han proliferado los agentes de tours informales que han bajado los precios y popularizado el pueblo como destino turístico.

Saber cuando hacer un túnel es a la larga más barato que cortar la montaña.

Sí, es alto el paredón.

Y ya del otro lado, camino a Lunahaná y el desierto costero.

07 mayo 2017

Frasco por Suramérica - 14 - De Cuenca a Loja

Y bueno, Cuenca queda a 124 km de Loja. Pero Frasco no podía ir en línea recta...

Días 1 y 2 - Cuenca y Parque Nacional Cajas (Primer intento)

Cuenca es una ciudad bonita con ganas. Es ordenada, limpia, segura. Tiene amplias zonas verdes, ciclovías por todo lado, un centro histórico muy bonito. Cuenca, hasta donde yo he visto, bien puede ser la ciudad más bonita de Ecuador. Además la presencia policial es extensa, lo que significa que no hay carros mal parqueados, nadie maneja temerariamente por el centro, nadie gira indebidamente. Se respira un aire a bienestar económico también.

Eso significa que la gente tiene carro, y mejores carros también, lo que a su vez significa que en las carreteras he visto probablemente los choferes más temerarios de la vida. Rayan en curva, sin visibilidad, rayan con toda la visibilidad de carros que vienen en sentido contrario. Rayan en zonas escolares, entre muertos, niños, perros y bicicletas. Se inventan terceros carriles en plena carretera a 100 kph. De verdad es de miedo lo que hacen aquí en el sur ecuatoriano.

Por el centro de Cuenca cruzan varios ríos. Todos tienen dedicados sus márgenes a zonas verdes, con juegos, aceras para correr o caminar, ciclovías y juegos infantiles.

Pero también se encuentra uno gente lavando su ropa en los ríos en pleno centro de la ciudad. En esa agua que no debe tener una temperatura sobre los 15°C. Prueba de que la prosperidad no alcanza a todos por igual.

Volviendo a Cuenca, aparte del centro histórico, hay varias cosas más que hacer en la ciudad y sus alrededores. Ruinas arqueológicas, parques nacionales, aguas termales, miradores y otros están dentro de los atractivos. Frasco eligió ir al Parque Nacional Cajas, al oeste de la ciudad.

Lo primero fue salir de Cuenca, cosa que no es del todo intuitivo. De paso que la rotulación y señalización vial no es el fuerte del Ecuador. Finalmente cuando parecía que ya iba a lograr salir me encontré un retén policial. Tranquilo, pues tengo todos los papeles en orden, me encontré con una oficial que me indica que el polarizado de ventanas es prohibido en Ecuador. Las opciones fueron recibir una multa o retirar voluntariamente el polarizado en el lugar.

El Jimny aprendió que no puede andar polarizado de la manera difícil.


Ya subiendo la montaña arrancó el frío y la niebla. Todo nublado, fue casi imposible ver casi nada. Siendo primero de mayo, el parque estaba también lleno, y parquear en los pocos y limitados espacios disponibles fue imposible. Rápido me obstiné y decidí irme, pero a como me podía devolver a Cuenca, decidí simplemente seguir directo por la misma carretera a ver qué se veía más allá.

Mi primer encuentro con las famosas alpacas (digo yo que son alpacas) a esas les valió un culo ver un Frasco silvestre.

A pesar de las nubes, el Cajas es bien bonito. La vista desde la carretera es espectacular.

Ahí seguí entonces hacia el oeste y después del punto 3-Cruces, que es el punto más alto de la carretera y donde arranca el Pacífico Ecuatoriano a 4167 msnm; se empieza a bajar. Lo primero fue que se me abrieron las nubes hacia el oeste y pude ver la costa nublada... por encima de las nubes. Ahí es donde realmente se da cuenta uno de qué tan alto anda. Lo siguiente son los barrancos gigantescos, la bajada permanente hasta llegar a ver las planicies costeras. Ya bajando se siente calor y humedad. Se ven los cultivos de banano y cacao por todo lado y los pueblos recuerdan a los pueblos costeños colombianos, con ventas callejeras y multitud de motos cuyos usuarios manejan sin casco. Las carreteras aquí son planas y rectas, atrás quedaron los días de terraplenes y hundimientos.

Y nada... manejando sobre las nubes ahí casual.

Del pueblo de Naranjal tomé hacia el sur.

Y nada, llegando a la ciudad de Machala ya estaba obstinado del calor y quedaba aún bastante luz de día, así que decidí tomar al este y subir la cordillera de nuevo. El paisaje aquí es totalmente diferente al del lado de Cajas. Lo que allá era húmedo y frío aquí era seco, casi desértico y templado. Ya luego me daría cuenta que la diferencia realmente radica en la altura y que por lo que Cajas está sobre los 4000 msnm, el camino que había tomado si acaso llegaba a la mitad de esa altura. Al caer la noche iba llegando a un pueblo llamado Santa Isabel, en el fondo de un valle despoblado.

Luego se sorprenden de que haya derrumbes... ¡que varas!

Y bueno, yo se que ya canso... pero legalmente las vistas son espectaculares por todo lado que voy.

Día 3 y 4 - De vuelta a Cuenca

Ahí cerca de Santa Isabel conseguí un lugar para acampar y fui recibido por Don Fred y su hermosa familia quienes se portaron de manera muy especial conmigo. Si bien el lugar estuvo bastante lleno con gente disfrutando de lo último del día feriado, ya al caer la noche estaba sólo yo y se pasó bastante buena noche.

El día diguiente - ¿A dónde ir?
- A donde sea, pero a las 13:30 necesito estar frente a un televisor para ver al Atlético.

Eso me dejaba con dos opciones. Loja, hacia el sureste o Cuenca hacia el noreste. Viendo como en realidad no había visto casi nada en Cuenca, decidí hacer el regreso y bajar a Loja luego por la troncal amazónica, más al este. De Santa Isabel a Cuenca hay una carretera que va directo y que aparentemente está en muy buen estado, up par de horas me dijeron que se podía durar; pero yo descubrí una calle de lastre que va a salir cerca de Loja y como tenpia buen tiempo decidí salir por ahí.

El camino es bueno por unos cuantos kilómetros, con bonitos paisajes. Luego me pasé una entrada, porque claramente aquí no hay nada señalizado, y en vez de devolverme decidí salir por un atajo. Ahí ya la cosa se puso de puro desafío 4x4. Ahí iba feliz de la vida cuando un sonido debajo del carro me advirtió que algo iba mal. Al tirarme debajo del carro en medio del polvo vi que el famoso tornillo que había arreglado en Duitama finalmente siempre cedió y se quebró en el mismo punto. Viendo el mapa decidí que era más seguro devolverme a Santa Isabel y tratar de arreglar ahí. El mismo arreglo que en Duitama me costó en total unos US$50 aquí salió en US$80 y me hizo perder la mañana completa. La tarde fue para el fútbol, piscina y birritas.

A mi legalmente me gusta más agarrar por este tipo de calles que salir a las principales.

El atajo en el que quebré el amortiguador otra vez. Fuerte desafío 4x4 en seco.

Y bueno... esas cosas pasan...

El día siguiente retomé el camino por la misma ruta. Descubrí que el bonito camino de lastre rápidamente se convierte en un trillo de cabras subiendo por las montañas. Una bonita ruta para poner a prueba las habilidades de manejo. Unas dos horas y media se tarda en conectar con la carretera panamericana y otra hora y media de vuelta a Cuenca.

¡La vista les digo!

Da uno la curva y se encuentra con eso. No sabe qué pensar uno.

Las ruinas de una casa y un burro pastando. Es todo.

La Catedral en Cuenca.

Día 5 - El Cajas (Segundo intento)

En el hostel conocí a Clara La Alemana, quien estaba en el mismo cuarto que yo. A ella le cobraban $US50 por el tour a Cajas, así que ya se había resignado a no ir. Ya que yo iba para ahí, nos mandamos para el parque juntos.

Esta vez ya estaba ligeramente más despejado y levemente menos frío. Lo más importante era que había campo en los parqueos. Llegamos al centro para turistas y preguntamos por un sendero sencillo, luego al ver que mi pie aguantaba bien la caminata cambiamos de sendero y subimos un cerro a más de 4000 msnm. El sendero prometía una espectacular vista a 360°. El sendero estaba bastante húmedo y fangoso. Esto hizo que tanto a la subida como a la bajada los resbalones fueran frecuentes. De bajada ambos terminamos varias veces bajando un par de metros sentados o de costado. Con toda la ropa embarrialada, el frío se coló por todo lado y ya en un momento no sentía ni un sólo dedo de las manos. Esto es particularmente problemático cuando un tiene que ir agarrándose de piedras y ramas para no salir rodando cuesta abajo. La Bávara mientras tánto no parecía tener problema alguno con latemperatura. Así al suave nos tiramos 4 horas caminando, legalmente muy chiva. Yo muy contento por poder caminar de nuevo. Y para calentar nos fuimos a unas aguas termales cerca de Cuenca.

Laguna Tronadora. El de la derecha es el cerro que subimos. No se veía tan grave desde ahí.

Las nubes nos acompañaron durante toda la subida, con leves momentos en los cuales se pudo ver el paisaje.

Ya en la cima del cerro con la espectacular vista 360° de una nube.

 Día 7 - De Cuenca a Loja

El sexto día descansé. De hecho con costos podía moverme. Fue un martirio ir a hacer compras y llevar a lavar el carro.

El sétimo día retomé ruta. El plan era cruzar la cordillera hacia el noreste, conectar con la troncal amazónica y bajar a Loja por esa ruta. Yo sabía desde luego que ya de por sí el plan era bastante optimista para un sólo día, pero me sentía con buena vibra. Salí de Cuenca a las 9:30.

A partir de ahí todo salió mal. El primer problema fue perderme y entrar a Gualaceo, desviándome de la ruta original. Una vez me di cuenta del error, me puse por un camino de lastre que debía conectar con Guachapala, más al norte. Ese camino, me daría cuenta en el caserío Mariano Moreno, estaba cerrado por derrumbes. Tocó devolverse media hora para volver a tomar la ruta correcta.

Ese camino, sin embargo atentó con todo contra mi plan. Múltiples derrumbes y hundimientos, gruesa neblina, aguacero. Todo esto hizo el camino lento y estresante. A Méndez (~600 msnm) llegaría a eso de las 16:00.

Aquí vale la aclaración de que GoogleMaps no tiene completa esta ruta hasta Méndez, por lo que en realidad el recorrido siguió de donde marca Transversal Austral hasta Méndez de manera zigzagueante, pero sin volver hasta Gualaceo como viene en la imágen.

Represa de Paute.

Ya foto de la Presa en sí.

De cuando uno sabe que no hay remedio... va a haber neblina.

Ya en Méndez yo esperaba las carreteras más planas que había visto en La Amazonia por El Coca o por Macas. La sorpresa fue que en este punto la troncal corre sobre las lomas de los primeros cerros de Los Andes. Esta carretera también atentó contra mi viaje. Los famosos hundimientos y terraplenes son constantes aquí, la carretera es mala. Además fui acompañado casi todo el camino por un pequeño diluvio amazónico. Esa condición sigue hasta la ciudad de Gualaquiza. A partir de ese punto ya se baja en un valle que corre hacia el sur de manera suave y ya la calle está en mejor condición.

Tocaba decidir dónde pasar la noche. Según mis cálculos estaría en Loja a eso de las 22:00 por lo que sonaba fuera de lugar. Por otro lado la ciudad de Zamora era referencia constante en todos los rótulos, por ahí de las 20:00 calculaba estar ahí y ya que la carretera estaba en mejores condiciones pues parecía lo más viable.

Así que seguí hasta Zamora, llegando a la hora esperada, 20:00. Para mi sorpresa no vi ni un sólo hotel en el pueblo. Sí había al menos cinco moteles, pero no tenía ganas de pasar la noche oyendo a otros divertirse. Y Loja estaba a 50 km, si las condiciones se mantenían eso sería unos 40 min.

La carretera debe tener paisajes muy bonitos de día. De noche me acompañó la luna creciente todo el camino, dejándo ver los altos cerros envueltos en nubes conforme subía y subía de nuevo a Los Andes. Aquí otra vez encontré derrumbes, hundimientos y combinaciones de ambos. Además de incontables cascadas a un costado de la carretera, cargadas, bajando con fuerza. Cuando ya eran las 21:00 y no había señas de Loja, finalmente se termina de cruzar el cerro y aparece la ciudad allá abajo, clarita en el altiplano. Media hora bajando la loma me vería cumplir con 12 horas de camino, más de 500 km manejados en muy malas condiciones. Ya por fin en Loja lo que quedó fue una birrita ya dormir.

Estos rótulos están por todo Ecuador. Sólo un idiota no les hace caso, pues marcan los famosos hundimientos o derrumbes.

¿Más neblina? No, lluvia.

Si llevo seis horas de camino y 250 km manejados, quiere decir que voy llegando a Loja... ¿Cuándo?

Y bueno, estaban bonitas las cascadas aún de noche.

La próxima entrada probablemente sea desde Perú...